Todas las noches salgo de mi escondrijo y camino por la casa. Es a la única hora en la que me siento protegida por las sombras de la noche que me dan la vida y energía necesaria para deambular sin peligro.
Pero desde hace dos noches me he visto obligada a permanecer en mi sitio...con terror.
Exactamente hace dos noches, mientras jugaba con los rayos de la luna un extraño susurro llamo mi atención, un susurro tan delicado como el mar; trate de poner atención para definir las palabras pero fue en vano.
Algo había invadido mi territorio, algo había penetrado en mi interior y se había alojado dentro... muy dentro de mi ser, y ese algo me asfixiaba, me aprisionaba dentro de un oscuro y frío abismo.
Atemorizada permanecí arrinconada en mi interior, incapaz de producir sonido alguno, incapaz de recorrer con la mirada ese abismo, sólo sintiendo las nuevas sensaciones, sola… más sola que nunca….
Este nuevo ser dentro de mí me hacía cautiva de mis más profundos terrores, me impedía respirar, me impedía moverme, soñar libremente.
Trate de asfixiarlo, trate de cogerle y echarle fuera, intenté penetrar en él. Intenté salir corriendo, pero siempre sujetaba mis pies y me hacía caer. Ya soy incapaz de moverme, cada noche escucho a la luna llamarme y yo no puedo pedir ayuda, voy muriendo cada día un poco más, aletargado espero que un día se canse y me deje en paz, que abra mi prisión y al fin me libere.
Ahora, después de tanto tiempo él sigue a mi lado, no me he podido desprender de su presencia, o acaso tal vez sea una gran ausencia alojada en mi pecho, la ausencia de mí misma que ahora me reclama mi olvido.
9- Noviembre- 2004.
PGT.

Escribe un comentario