Y De pronto… Caigo de rodillas ante mi propia tumba, el olor de la tierra fresca llena mis pulmones, la luna llena ilumina mis ojos marchitos; y la tranquilidad de este recinto invoca a la meditación. Los recuerdos son deformes, borrosos como niebla de invierno… mi más dulce invierno; el dolor me invade, me quema el fuego, el fuego que poco a poco me convierte en cenizas; cenizas que elevará el viento, mismas que se cernirán en el campo alimentándolo, creando así la vida a partir de mi muerte, creando formas que brillarán cada día a la luz del sol, así… tal vez; podría ser, que al fin yo misma pueda alimentarme con ese sol.
2005

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