amino descalzo, fugitivo de la luz. En plena penumbra he logrado encontrar el instrumento que será su mortaja; una daga de plata de helado tacto.

Poco a poco me acerco a ella, su largo cabello rizado desprende fulgores rojizos. Sigilosamente y aún temblando la tomo del hombro y descargo golpes certeros a su frágil cuerpo desgarrando su túnica y su rosada piel, la sangre salpica mi pecho, mis manos se tornan bruscas ante la fragilidad de su ser, sus gritos llegan hasta mi cerebro anestesiado, el pánico se apodera de su rostro, torpemente trata de apartarme, pero su existencia poco a poco se va extinguiendo al tiempo que su blanca túnica se tiñe de rojo.

De pronto su voluntad sucumbe; ya es incapaz de oponer resistencia alguna, su cuerpo inerte se desploma a mis pies al tiempo que la daga ahora carmín se desprende de mis manos.

Y en silencio hago recuento del eterno momento… ¿Qué se ha escapado?... frente a mí la encuentro; frente a mí ya liberada de su prisión que la atrapaba… Yo soy el suspenso la miro y no me veo en sus ojos que ya son cuencos… Siento eléctrico.

Adivino en ella lo que seré, espesos entre sus pestañas cristales suspendidos, soy el Tritón en el río carmín que nace de sus labios celestes, en ese río se bañan serpientes que ahora se enredan en su cuello, ahora sus manos ya no acariciaran el viento, su canto sólo en mi mente. Soy sentimiento ausente, soy el olvido que intenta recordarse, soy un ángel fallido, soy arena en el vaivén del mar, marea creciente a capricho lunar… susurro de bosque extraviado… triste demonio crucificado… ¡Silencio!… el trotar de los caballos me hace volver y ¡Oh! miseria que encuentro mi imagen ante el espejo se fragmenta y tarde me doy cuenta que en mi mano no hubo mortaja; que aquel rayo lunar de plata encontró su eclipse en mi pecho.
8- Agosto- 2003. 7 – Noviembre – 2004.
PGT. / IKM*.