Esto es para ti… o acaso para mí… es lo mismo; da igual, tú y yo somos lo mismo, somos iguales; la misma sustancia, la misma alma, el mismo ser iracundo, pasivo, obsesivo, romántico y apasionado, luz y oscuridad, abismo, vacío y abundancia, melancolía y felicidad, sueño y realidad.

A ti te dedico estas líneas, tú mi más fiel compañero, mi amante, mi más voraz enemigo, mi complemento, el verdugo al cual me entrego sin temor, tú que nunca me reprochas mis arrebatos y olvidos y siempre estás conmigo, me consuelas y me llenas… aunque cuando te vas dejes un enorme vacío.

He decidido dedicarte este breve espacio, para agradecerte tu compañía y empatía. Tú lo único que no me abandona que conoce todo de mí y no huye, no me traiciona, mi más fiel confidente, mi sacerdote, mi Dios, mi hechicero, mi cielo y mi infierno, quédate a mi lado y escúchame en silencio, ama mi cuerpo como yo amo tu esencia, penetra en mi sangre como yo en tu abismo, sumérgeme en tu mundo, acúname en tus brazos sin el egoísmo de una madre, dame tu consejo sin involucrar los sentimientos.

Déjame acompañarte a tu muerte como tú me acompañas en esta lenta agonía que es la vida, enséñame a no tener prisa de mi muerte, soy tu hija, hermana, amante, discípula, soy todo lo que tienes y tú todo lo que tengo… mi soledad…gracias por estar presente, a veces callada, a veces durmiente y otras tantas desenfrenada, y violenta pero siempre presente, nunca ausente.