Después de mucho caminar; se sentó a la orilla del río, con delicadeza desprendió la máscara que cubría y protegía su rostro; y por vez primera en mucho tiempo contempló sus facciones… Hurgó detrás de sus arrugas, intento descifrar la intensidad de su mirada, limpió la sangre de sus heridas y desahogó con un grito las penas y el dolor.
Y después de un profundo suspiro, levantó la pesada máscara, colocándola sobre el rostro marchito y siguió su pesado camino con la sonrisa fingida tallada en esa máscara de piedra que cada vez se hacía más pesada y cubría menos su tristeza.

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